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LOS 2500 ‘ZAPATEROS’

Si algo cabe decir de la decisión espectacularmente anunciada en el Debate sobre el Estado de la Nación por el Presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, de regalar graciosamente 2.500 euros machacantes a cada familia de cada niño que nazca desde el 3 de julio en adelante es que es muy difícil no estar de acuerdo con ella.

Basta con ser padre, o estar en disposición de serlo (yo lo seré en septiembre) para sentirse reconfortado con la idea de recibir un dinero inesperado tras un evento esperado como es el hecho de traer al mundo a una niña, Jimena se llama la mía, a esta España nuestra.

Pensemos en un evento cualquiera, planificado por un grupo de ciudadanos cualquiera, y para el que calculan unos recursos, unos costes, cualesquiera. Por ejemplo: viajar a Jamaica. Si sale el Gobierno -un Gobierno cualquiera, debiera decir- y dice que pagará el 75% de los viajes a Jamaica, es muy difícil que, cuando menos, esos ciudadanos discrepen.

Positivo no sólo para los que paran 

Pero es que también es complicado estar en desacuerdo con algo cuyos efectos no son, como en el ejemplo, tan baladís (para los que no vayan) como que vaya más gente a Jamaica. Se infiere que el estímulo económico (o ayuda), por parcial que sea frente al universo de gastos que conlleva una criatura para su familia, estimulará (o al menos lo hará en mayor medida que 1 minuto antes de anunciarse) algo que es fácil pensar que es positivo para el país: los nuevos nacimientos.

Positivo será, y aún más, para la economía, lastrada por una pirámide de población inversa, en la que las menguantes clases activas, apoyadas por la inmigración, sostienen vía Seguridad Social a las clases pasivas, pensionistas, forzando cada vez más la de por sí rígida estructura social de gasto. Los aventureros del fin de la caja (Barea, qué simpático, por ejemplo), estarán de enhorabuena si una sóla familia que se lo estuviere planteando decidiese asumir el reto que hoy es tener un hijo, pongamos, un segundo hijo. Será -sería- una familia donde la clase activa permitirá -permitiría- equilibrar a la pasiva (sus padres) e incluso calzarse un superávit (desde la muerte del primero de los padres a la jubilación del segundo de los hijos financiarán a otro).

Desde esta única perspectiva financiera (habría que considerar la pespectiva social del riesgo de  convertirse por la vía de los hechos en una sucursal de Ecuador o Marruecos, con la lógica pérdida identitaria de lo español, o la pérdida de riqueza, no por la mezcla enriquecida que sin duda nos dan, sino por la asimilación con la mayoría inmigrante, ya de por sí mayoritaria en los países), la medida es buena. Pero ¿es una medida de izquierdas?

Una medida de derechas 

Dejando a un lado la actitud esquizofrénica del partido primero de la oposición, la medida debiere agradarles porque es de derechas por todos los lados.

Sobre la actitud esquizofrénica: primero trataron de atribuirse que la medida ya estaba (en pasado) en su programa (futuro) para el 2008, dicho de forma que pareciera a los que no lo leen (sus votantes) que estaba (pasado) en sus programas (pasados) de 2000 o 2004 (cabría preguntarse por qué no lo hicieron en ocho años si fuese cierto); y seguidamente (un día después, el 4 de julio), pasaron a criticarla por “discriminatoria” e “ineficaz” (cabría preguntarse aquí cómo justifican haber dicho, aunque sea falsamente, que estaba en su programa (Rajoy, el 3 de julio), si es “discriminatoria” e “ineficaz” (Zaplana, Pastor).

Independientemente del resbalón, provocado por querer, a un tiempo, nadar (en la medida) y guardar la ropa (en la crítica), o si acaso contentar a los que la ven bien (la mayoría) y a los que la ven mal (los que se hayan quedado sin la paga por días o meses, la verán mal por lógica y sana envidia), no concibo dudas en que es una medida a la derecha la propuesta felizmente por nuestro Presidente.

Y es a la derecha no por primar la natalidad, vieja aspiración eclesial, opusina y, a mi entender, magnífica -siempre y cuando no afecte a la calidad de vida de los que ya están, como cuando se habla de forzar a las madres a parir impidiendo su libertad de abortar, o forzar a los enfermos a morir, cuando se habla de destruir o no conservar células madre-, sino por ser lineal.

Lo lineal es derecha. No es tan derecha como lo discriminatorio a favor de los que tienen y contra los que no tienen (como bajar tramos impositivos por lo alto) o contra todos (como la aplaudida medida de suprimir el Impuesto de Donaciones), pero es derecha en tanto se aplica por igual a los hijos de Botín (por no decir Agamenón) y a los de su porquero.

En la medida en que la paga llegue a los hijos del porquero de Botín, es una medida social más de este Gobierno que ya nos tiene felizmente acostumbrados a cuidar de nosotros. En la medida en que llegue a los hijos de los ricos, el dinero saldrá del común, destinado a paliar desigualdades, pero en este caso agrandándolas (menos para el común, más para los ricos). Es, pues, una medida de derecha.

¿Y por qué este artista, rojo entre rojos, se pone a hacer cosas de derechas?

Zapatero está convencido de dos hechos: su control de la propia victoria en las próximas generales, y el hecho de que dicha victoria puede ser ensanchable si a sus cartas ganadoras suma las perdedoras de su adversario. De ahí que, con medidas como ésta trate de ocupar el territorio político del centro derecha.

EL PLAN MEDUSA

Dizque el Gobierno de Zapatero lanza el Plan Medusa, ante los ataques que estos animalitos han propugnado en nuestras cálidas playas a los turistas y otras gentes de bien, mediante desagradables picotazos. Y yo digo, con Rajoy (Medusaman), que Zapatero se está arrodillando ante las medusas, que es un traidor a los probes turistas, y que está negociando con las medusas el darles un cacho de playa en el Mediterráneo, que quiere darles un referendo de autodeterminación en Cái, salada claridad. Ese traidor…

Ante el bichejo que usa
el Mar Nostrum como casa
y sin pagar la ecotasa
pica vil, chupa y abusa,
Zapatero y sus expertos
con el dizque “Plan Medusa”,
rindiéndose sin excusa,
van traicionando a los muertos.
A las medusas, cañones,
no hay más cojones.

27M, una jugada maestra de Risk

Jugaron diletantes los audaces políticos (y los miserables) una estupenda partida de Risk sobre el tablero de las 17 Españas. Lo cuenta Sinistra Dei en este post, y describe cómo, digan lo que digan las tarjetas de objetivos de los distintos players, ganar territorios, ocupar escaques y entretejer alianzas es mejor que concentrar  a las tropas en Kamchatka.

Es eficiente para el navegante el saber dónde se mete, y para el blogger el marcar el recorrido de su capitanada, para que el navegante al que se debe incurra y recorra con él el viaje en su futura bitácora, ésta. Continuar leyendo »